viernes, 6 de enero de 2017

Diana

Estoy cansada de ser la niña perfecta que todos quieren que sea.
A fin de cuentas, ellos ni se molestan en escucharme,
y me han convertido en un monstruo hastiado, al que nada le sirve, 
ni le complace, pues todo es poco en el juego de la insatisfacción.


Me pregunto si merece la pena la vida.
Tanto sentir. Tanto sufrimiento de su mano.
Tanto dolor corpóreo. Tanto frío y solitaria soledad por dentro.
Esa que está rondando los cero kelvin.
Ese profundo desasosiego que produce la incierta razón de mi existencia. 






lunes, 21 de marzo de 2016

El Sentimiento.

A veces siento que el corazón se sale de mi pecho. Que cada latido retumba en cada oído, bajo el eco de la niña que un día fui. Los susurros perdidos, de la culpa y el miedo a lo desconocido, se entremezclan en un brebaje de histéresis y arcoíris, de nervios a flor de piel. A veces desearía muerte, sueño, parálisis. Dejar de sentir este Sentimiento que me aborda cada mañana, cada rato y segundo en mi mente, esa preocupación de desdicha, de no ser capaz de llegar a nada, de saltar y esquivar obstáculos, ¡mil obstáculos! Esa incapacidad que tengo de alcanzar mi ansiada paz.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Treinta grados.

Tus párpados entornados treinta grados apaciguan
ese verde intenso que colorea tus ojos,
como el verde de los tallos que sujetan 
las corolas de unas rosas.

Cuando me miran, bajo el tenue brillo de tu lámpara de cama,
un susurro, cualquier indómita palabra sonora de tu boca
me hipnotiza, durante horas.

Una caricia, como la cálida mano del aire,
envuelve mi piel en un escalofrío a tempo,
simultáneo, al compás de cada latido
que da vida a mi cuerpo.  

Entre tus brazos, soy reina de un castillo
de impávidos recuerdos y ecos.
Y cómo decirte, que daría mi esencia y
el último aliento de este mundo por poder 
contigo parar el tiempo. 


miércoles, 25 de marzo de 2015

Entre el laberinto de tus brazos.

Solo aquí, entre el laberinto de tus brazos, dejo por un instante de fingir, de ser fuerte. La fortaleza de mi mundo se descompone entre lágrimas que brotan en silencio. Y es que no puedo evitarlo. Pensar en ti, en mí, en la vida. En lo inmutable, en lo eterno, que no existe. Y es que este momento jamás será igual, jamás será reemplazable, repetido. Mi impotencia me resquebraja lentamente. Te abrazo aún más fuerte. 

(Escapemos del tic tac continuo del Reloj Central que poco a poco nos marchita. ¡Hagamos algo y paremos el tiempo!).

Te abrazo lo más fuerte que puedo y aún te noto lejos, mis brazos no abarcan todo lo que puedo sentir y no soy capaz de expresar. Solo sueño con compartir más momentos así. Construir juntos, recuerdo a recuerdo, nuevas historias así de buenas, a tu lado, cada segundo, cada tiempo que la vida nos quiera dar. 

sábado, 6 de diciembre de 2014

Sólo sé que te quiero.

No sé qué haría sin ti. No sabría cómo moverme. Sólo a tientas ante tanta oscuridad.
Eres el soporte que auna todas mis piezas, la respuesta que da luz a todas mis preguntas.
No sé qué haría sin ti, no sé si ya me habría rendido o si aún siguiese creyendo en Dios o en el amor.
Sólo sé que te admiro, que me ayudas cada día a superarme, que eres el último de mis pensamientos y el primero al amanecer. Que eres justicia, que mirándote a los ojos veo reflejada a la persona que siempre he querido ser y ahora soy. Todo gracias a ti.
Tus consejos, tu paciencia, la forma en que me miras y me calmas, con tus besos.
Tus ideas. Sin contradicciones. Tu sinceridad. Tus promesas que siempre cumples.

Sólo sé que te admiro. Sólo sé que te quiero.



sábado, 29 de noviembre de 2014

Demostrar, demostrar y demostrar.

Nos hacen obsesionarnos con la búsqueda de una enfermiza perfección que no existe. Nos hacen creer que sólo somos valiosos por los éxitos que logremos, el "caché" que tengamos o lo que seamos capaces de demostrar. 

 La sociedad se pudre. 

Como una vez me dijo alguien al que extraño en estos momentos injustos y de impotencia:

 
"Tú ya eres valiosa por el simple hecho de haber nacido, de ser persona y de ser quien eres"




sábado, 1 de noviembre de 2014

18 de octubre del 2014

Sábado noche. El tiempo está loco y abruma con un bochorno casi insoportable. La noche ya se come a los días y pide entre susurros huecos un poco más de frío.
Yo me he perdido. Hasta tal punto que ya no me reconozco. Estoy vacía y es que no soy yo.
Ya no sonrío con ganas. Ahora sólo veo una mueca torcida en mi cara fingiendo simpatía.
Se ha roto mi sueño. Esperaba mucho de este año desde bien pequeña. Pero pocas veces los sueños se cumplen. ¿Qué plan hay para mí? ¿Para qué se supone que sirvo? Me pudro entre la impotencia que causa esta mediocridad que aprieta dentro de mí.
El mundo es malo, muy cruel. Yo soy débil y peco. La culpa se aferra con sus garras hasta mi cuello. Mi corazón ha dejado de respirar libre, con calma, con paz...
¿Acaso alguna vez ha sido todo eso?
Por qué se ha ido mi fe. La necesito para seguir con vida. Detrás de ello no queda nada, tan sólo la inútil verdad de pertenecer a un escondido suburbio de lo insignificante.
Sí. Justo ahí. ¿Ves el centro del universo? Pues yo me encuentro otro lado. Pequeña, limitada, sola... terriblemente sola.